martes, 24 de marzo de 2009

Porque una cosa es querer que te escuchen, otra es querer escuchar; pero muy diferente a estos dos es callar

Hace algunas semanas me pasó algo extraño, querer jugar al detective me costó caro. Por ello hice algunas cosas de las que me arrepentí luego. No sabía lo que me estaba pasando, opté por lo más seguro, vivir el momento y no hacerle caso a la razón, ¡Qué grave error!

Pero de esos errores se aprende mucho. Yo era un niño muy inocente en algunas cosas y pasar por esto me abrió los ojos a una realidad a la que no quería mirar a la cara. Descubrí sin querer que hiere más callar que decir lo que realmente pasa por mi cabeza.

Quizás callé muchas cosas por temor, no lo sé - quizás en parte fue por eso- pero si lo hice fue porque no quería que acabara por destruir una amistad – al menos eso creía que tenía- que en sí duró poco o nunca existió.

Ya es muy tarde para tratar de entender esas cosas, lo que aprendí de esto es que nunca más en la vida callaré algo. Aprendí que mejor digo todo lo que tengo que decir en el momento indicado, para no tener que arrepentirme después por no haberlo hecho o simplemente para no generar más problemas.

Pero bueno ya me estoy desviando de la idea principal, el hecho de querer ser escuchado y también querer escuchar a los demás. Este tema básicamente es una carencia en nuestra sociedad, se origina desde muy temprana edad, cuando el niño por los motivos que fuesen no quiere prestar atención a lo que sus padres le están diciendo. Y los padres en vez de corregir esto no le prestan mayor importancia, y si lo hacen, creen que la mejor solución es el castigo. Qué grave error.

Como esto no se resuelve en casa, a medida que el niño va creciendo y se va convirtiendo en adulto, esto se va acentuando. Generando un grave problema social del que muy pocos se preocupan.

Señores… a nuestra sociedad le gusta ser escuchada, pero sin embargo, no le gusta escuchar. Cuando se trata de ser el centro de atención, de oír nuestra voz mientras la gente nos mira y asiente en todo lo que decimos nos sentimos lo máximo, pero si no nos escuchan nos sentimos frustrados. Sentimos lo que se denomina como el síndrome de no pertenencia al grupo, que es algo así como ser excluido.

Por eso les recomiendo primero escucharse a uno mismo para luego aprender a escuchar a los demás y, recién ahí, podremos saber qué es ser escuchado por otros. Algo más, nunca callen las cosas que piensan porque al final esto a veces termina afectándonos fuertemente.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una situación por la cual yo tambièn pasé en algún momento y en verdad no se lo deseo a nadie, después por no decir las cosas se malogran hasta amistades, en fin amigo, por algo pasan estas cosas. tu historia me recordó mucho a algo que yo también pasé.