Durante una grabación encubierta logré conseguir las declaraciones de una persona que vende base de datos en una de las galerías de la Av. Wilson. Lo llamaré “el hombre del piercing en la ceja”.
Eran las 11 de la mañana, el frío en Lima -nuestra ciudad capital- era insoportable, llevaba más de 20 minutos haciéndome las mismas preguntas ¿Realmente es conveniente tratar de buscar información de manera encubierta? ¿Qué tal si me descubren? ¿Qué tal si no salía ileso? Finalmente tomé la decisión de seguir adelante con mis planes, sabía que eso implicaba que cualquier cosa podía pasar y yo debía asumir todas las consecuencias de mi decisión.
Crucé la Av. Wilson, estaba en la búsqueda de algún "jalador" incauto al cual sacarle información, me mezclé con las personas del lugar y finalmente logré mi cometido, había logrado dar con la persona que buscaba...
El pequeño hombre de gorda contextura, se acercó a mí muy gentilmente y me preguntó si quería comprar algún juego para computadora, yo acepté y después de pasar por un pequeño callejón llegué al puesto número 111 - algo extraño porque me encontraba en un segundo piso- de una casona estilo colonial que ahora es utilizada como galería y en donde se venden programas de cómputo.
El rústico puesto es una total contradicción... El cuadro de una virgen y unas frases inspiradoras de un Salmo -no me acuerdo cuál- acompañan día a día la labor de “el hombre del piercing en la ceja” y su robusto socio. Aunque la pared del improvisado local esté cubierta de íconos religiosos, nada ni nadie podrá aplacar el hecho de que en ese lugar se vendan discos compactos con números de celulares. Esta información no solo es útil para publicitar institutos, sino también para personas inescrupulosas que ven en la estafa un modo de vida.
Eran las 11 de la mañana, el frío en Lima -nuestra ciudad capital- era insoportable, llevaba más de 20 minutos haciéndome las mismas preguntas ¿Realmente es conveniente tratar de buscar información de manera encubierta? ¿Qué tal si me descubren? ¿Qué tal si no salía ileso? Finalmente tomé la decisión de seguir adelante con mis planes, sabía que eso implicaba que cualquier cosa podía pasar y yo debía asumir todas las consecuencias de mi decisión.
Crucé la Av. Wilson, estaba en la búsqueda de algún "jalador" incauto al cual sacarle información, me mezclé con las personas del lugar y finalmente logré mi cometido, había logrado dar con la persona que buscaba...
El pequeño hombre de gorda contextura, se acercó a mí muy gentilmente y me preguntó si quería comprar algún juego para computadora, yo acepté y después de pasar por un pequeño callejón llegué al puesto número 111 - algo extraño porque me encontraba en un segundo piso- de una casona estilo colonial que ahora es utilizada como galería y en donde se venden programas de cómputo.
El rústico puesto es una total contradicción... El cuadro de una virgen y unas frases inspiradoras de un Salmo -no me acuerdo cuál- acompañan día a día la labor de “el hombre del piercing en la ceja” y su robusto socio. Aunque la pared del improvisado local esté cubierta de íconos religiosos, nada ni nadie podrá aplacar el hecho de que en ese lugar se vendan discos compactos con números de celulares. Esta información no solo es útil para publicitar institutos, sino también para personas inescrupulosas que ven en la estafa un modo de vida.
Una vez dentro del puesto, comencé a revisar un par de juegos, los compré y me aventuré a preguntarle -lleno de miedo y sudoroso- si conoce a alguien que vendiera base de datos con números de celulares, este se hizo el sorprendido, levantó el volumen de la radio, que tocaba una cumbia muy conocida y me dijo susurrando, que ese tipo de ventas estaban prohibidas porque el material es ilegal, pero que si quería él me lo podía vender, siempre y cuando le dijera exactamente para qué la quería.
Le dije que lo necesitaba para publicitar un pequeño negocio que tengo. Con esta simple explicación el hombre no reparó en mostrarme la base de datos, me dijo que el precio era de 40 soles e incluía un programa especial para enviar mensajes los mensajes de texto vía e-mail. Una vez hecha la compra me explicó que “la base de datos debe ser actualizada entre siete o nueve meses, pues como eran números celulares, estos no varían mucho de propietarios y no es necesario actualizarlo mensualmente, así que no debía preocuparme de que los números estén bloqueados o algo parecido”.
Compro el disco... "El hombre del piercing en la ceja" me enseña cómo instalar el programa para los mensajes de texto, cuál es el prosedimiento para que las personas no sepan quién envía la información y por último termino enviándome un mensaje a mi celular para comprobar que el sistema realmente funciona.
Compro el disco... "El hombre del piercing en la ceja" me enseña cómo instalar el programa para los mensajes de texto, cuál es el prosedimiento para que las personas no sepan quién envía la información y por último termino enviándome un mensaje a mi celular para comprobar que el sistema realmente funciona.
Salí del puesto, revisé mi reloj y eran las 12:45 del medio día. Caminé presuroso a tomar un micro que me aleje del lugar cuanto antes. Una vez en el carro saco mi grabadora del bolsillo del pantalón y reviso la grabación... Todo lo que necesitaba lo tenía como prueba grabada en mi reportera. Finalmente pude respirar tranquilo.
(Es así como logré conseguir información para un reportaje que he venido realizando en la universidad. No sé si habré hecho bien o mal en contar esta historia, espero que la persona de la que estoy escribiendo no llegue a enterarse de esto, y si lo hace, no tome represalias hacia mi persona).
3 comentarios:
Oye, yo he estado en
esa galeria si no
me equivoco.
Habla "el hombre del piercing en la ceja", voy a mandarte a Pucho" y a "Coco". jaja XD
Pues no entiendo tu comentario Aiko, en fin lo dejamos ahí
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